28 abr 2014

Little Rock



En los años 50 del siglo pasado los Estados Unidos eran una nación segregada con un sistema educativo para los blancos y otro para los afroamericanos. En 1954, la Corte Suprema declaró unánimemente que la segregación en las escuelas públicas era inconstitucional. Un fallo histórico que anulaba las leyes estatales que establecían escuelas separadas para estudiantes de raza negra y blanca ya que negaban la igualdad de oportunidades educativas; "las instalaciones educacionales separadas son inherentemente desiguales."
Como resultado de esto, la segregación racial fue considerada como una violación de la Decimocuarta Enmienda  Esta victoria abrió el camino para la integración racial en las escuelas.
El 4 de septiembre de 1957 nueve estudiantes negros fueron a clase en el  Little Rock Central High School en Little RockArkansas. Se les impide inicialmente entrar en la escuela por orden del gobernador, Orval Faubus, y para ello éste desplegó a la Guardia Nacional. La intervención del entonces Presidente de los Estados Unidos, Eisenhower, que envió a la División Aerotransportada del Ejército permitió que los nueve quinceañeros ingresaran en el Centro.
¿En qué condiciones? Como muestran las fotografías tomadas en aquel día una multitud de blancos vociferantes acompañó a los adolescentes y suponemos que los cubrieron de insultos y amenazas. Una de las que más gritó se llamaba Hazel Massery y años más tarde se disculpó de su comportamiento bajo la excusa de que tan sólo repetía lo que su padre, conspicuo racista, decía a todas horas. «La mezcla de razas es comunismo», anuncian las pancartas en otra imagen.
En los estados del sur supuso aquello el inicio de un movimiento imparable, que pese a todo fue lento, y que abría una nueva forma de vida impensable para aquellas gentes que en su inconsciencia se veían rodeados de enemigos, los uno de raza y los otros, y para ellos los mismos, de ideología.

13 feb 2014

Henriette Caillaux

Esta mujer, esposa del Ministro de Finanzas francés Joseph Cailloux, mató, el 16 de marzo de 1914, en su despacho, al director del diario Le Figaro, Gaston Calmette.



¿Por qué? Gaston Calmette había tenido acceso a documentos confidenciales que ponían en duda la honorabilidad de su marido. Dichos documentos venían a demostrar que Joseph Cailloux estaba involucrado en diversos escándalos políticos y económicos. Como estas acusaciones parecían ser enormemente dañinas para la carrera política de su esposo, decidió visitar al director del periódico y le descerrajó varios tiros que acabaron con su vida.
Fue detenida inmediatamente. Unos dicen que esperó en el despacho de su victima hasta la llegada de la policía y que entonces dijo aquello de "no me toquen, soy una dama" y, en otros lugares se señala que huyó y fue detenida horas más tarde.


En cualquier caso la controversia surge durante el juicio. Este tuvo tuvo lugar en las vísperas del estallido de la Gran Guerra, momentos convulsos pues y su defensa se basó para pedir la absolución poco menos que en señalar el comportamiento femenino como propio de histéricas y débiles mentales. La estrategia dio resultado y Henriette, que debía haber sido condenada a muerte, fue declarada inocente.
Resulta curioso que aunque a su marido el escándalo le costó el puesto no supuso el fin de su carrera política y volvió a ser ministro en varias ocasiones con posterioridad. Ella, años más tarde, fue una destacada escritora de libros de arte. 

1 dic 2013

La valla de Melilla

Mucho se habla de la valla de Melilla en las últimas semanas. Dicha valla se extiende a lo largo de la frontera que separa la ciudad de Melilla de el Reino de Marruecos. Es un elemento disuasorio para evitar la entrada masiva en la ciudad de cientos de emigrantes subsaharianos que vienen atraídos con la esperanza de un futuro mejor. Su origen data de 2005 y a lo largo de todos estos años se ha ido reforzando con nuevos sistemas para evitar que pueda ser traspasada.



Este pasado verano en Berlín comprobé que también se había convertido en un ejemplo de muros que separan personas o, como en este caso, civilizaciones y culturas. En uno de los lienzos de muro de Berlín que aún quedan en pie se habían colocado fotografías de los muros que todavía quedaban en el mundo y allí estaba la valla de Melilla.



La polémica de los últimos días se debe a si es humanitario o no el colocar en dicha valla las concertinas que son unas cuchillas colocadas en serie y que impiden el intento de saltarla.


Pero lo que realmente deberíamos preguntarnos tiene qué ver con la propia existencia de la valla. Con su necesidad y con su por qué. 
La valla es fruto del miedo: miedo por parte de España de no poder y, puede que, no saber también que hacer con los inmigrantes y miedo de Marruecos a convertirse en país de paso y a tener que hacer uso de la fuerza como ya lo hizo en 2005 con los resultados de todos conocidos.
El primer mundo pone una valla de protección frente a las desigualdades del tercer mundo que el mismo ha ayudado a crear.
No soy partidario de la entrada libre, sin control, de cualquiera como consecuencia de un falso efecto llamada pero hay elementos físicos de separación que dicen más de quien los construye que de quien desea superarlos.
No sé cual podría ser la solución, no soy especialista y carezco de elementos de juicio suficientes, pero de lo que estoy totalmente seguro es que la solución no es ésta.

                       

31 oct 2013

Gritos

Como está visto que el capitalismo, en su variante actual, tiene los días contados andan los poderes, fácticos y no fácticos, a la búsqueda de una nueva versión que mantenga al invento en su sitio. Algunas pistas ya nos están dando, con la lenta pero, al parecer, inexorable laminación de derechos laborales y ciudadanos. El panorama no será el del siglo XIX, el trabajador aparentemente alcanzará un nivel digno de vida pero al límite, lo suficiente para sentirse satisfecho por tener trabajo e incapaz de poner el grito en el cielo por las condiciones de dicho trabajo. Dispondrá de dinero para comprarse un smartfhone y pagar la tarifa exigida pero carecerá de cauces para elevar una protesta. El cauce natural, por lo menos antes, y digo antes hace lo menos treinta años, eran los sindicatos y los partidos políticos pero hoy en día estos han alcanzado tal grado de simbiosis con el poder que se han convertido en correa de trasmisión de las ordenes emanadas desde arriba y hacen caso omiso de las voces que les llegan de abajo.


El ciudadano se encuentra indefenso y sin instrumentos capaces para enfrentarse a la nueva situación y terminamos aceptándola como un mal menor. Asistimos atónitos al progresivo deterioro y desaparición de muchos derechos que creíamos inalienables y que incluso figuran en ciertas constituciones y más atónitos nos quedamos cuando cada cierto tiempo nos solicitan el voto con la única intención de que demos la conformidad para mantener un sistema que, en este preciso momento, claramente nos perjudica.
Nuestra voz tiene que ser escuchada para evitar males mayores y minimizar los daños y, como carecemos de interlocutores válidos, tendremos que elevar un grito unánime a base de unir nuestros gritos individuales.
Yo grito desde aquí y espero unirme y que os unáis a los otros gritos que ya escucho.

 

1/11/13
ADENDA: Termino de leer en el diario El País una referencia a la visita a España del filósofo alemán Peter Sloterdijk en donde este dice: 
"La izquierda ha funcionado históricamente como un mecanismo de organización política de la ira. La gente depositaba allí sus frustraciones y, como en un banco, otros gestionaban ese capital para devolverle los intereses en forma de autoestima para ellos y desprecio para sus enemigos.
La atmósfera ha cambiado mucho. La ira, la cólera  la indignación han cobrado más fuerza. Lo que pasa es que ahora no hay un banco mundial de la ira. La izquierda ya no es capaz de desempeñar dicho papel. Ahora la gente puede quedarse en casa con su cólera y meterla debajo de la almohada o del colchón porque ya no hay nadie que pueda sacar rendimiento político de eso ni devolverle intereses."