21 jun 2019

D. Ramón Menéndez Pidal y el Cid


El pasado 18 de junio visité la exposición que la Biblioteca Nacional presenta bajo el título “Dos españoles en la historia: El Cid y Ramón Menéndez Pidal” mediante la cual se pretende dar a conocer la figura del polígrafo asturiano desvelando su desconocido pasado y su particular conocimiento de uno de nuestros primeros héroes: Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.
Mi desconocimiento de la figura de D. Ramón he de decir que era total, tan sólo recordaba que el día que falleció, yo estaba estudiando bachillerato, fue declarado día de luto, no lectivo, y nos mandaron a casa. He descubierto a un hombre comprometido con su tiempo, presidente de la Residencia de Estudiantes y desde su cargo de Director de la RAE defensor a ultranza de sus compañeros académicos depurados “la depuración es el paraíso de los mediocres insignificantes y fracasados que están muy a gusto excluyendo a Sánchez Albornoz, a Marañón y a Millares; y los de la Española a Bolívar, Marañón, Navarro, Cabrera, Baroja, Alcalá Zamora, Pérez de Ayala…” Partidario declarado de la neutralidad de la cultura, su temperamento conciliador no le impidió sin embargo expresarse sin rodeos, contra gobiernos de uno u otro signo, cuando consideró que tenía que hacerlo. “Si yo, cada vez que España tuvo gobiernos que me desagradaban, me hubiese expatriado, hubiese vivido casi siempre en el extranjero. Mi patria es más mía que de los varios gobiernos que la detentan”.
De la relación de D. Ramón con el Códice de Vivar es mucho lo que hay que añadir. Perteneciente a su familia desde 1851 pudo manejarlo a fondo y establecer con él una relación que iba más allá de su simple posesión. Su estudio supone la primera aplicación en España del método histórico-comparativo, que había hecho de la filología una disciplina puntera en Europa. “Oímos la voz de los siglos. ¡Cuántos recuerdos del pasado trae en mi vejez esa voz! El Campeador se hizo presente en mis estudios desde mi primera juventud […] yo le vi arrancar a punta de lanza en los historiadores árabes […] Yo asistí a su brillante victoria como héroe de la tradición épica perdurable […]”.
La exposición se completa con la exhibición del Cantar del Mío Cid, ejemplar adquirido por la BNE en 1960, donación de la Fundación Juan March que lo adquirió con este fin por diez millones de pesetas, y que se custodia hoy en día en la cámara acorazada de la Biblioteca.
El Cid y D. Ramón: aventura y cultura. Dos palabras que resumen el hazañoso paso de estos dos españoles por la historia.

20 jun 2019

La gran traición/El gran engaño

Me hago eco de un magnífico artículo escrito por Javier Cercas y publicado por El País Semanal el pasado domingo 16 de junio que pone de manifiesto el gigantesco engaño al que fueron arrastrados multitud de inmigrantes llegados a Cataluña en los años sesenta en aras de una falsa integración.


La gran traición. Javier Cercas
"En una de las crónicas sobre el juicio al procés que se publican en este periódico, Pablo Ordaz narra cómo, durante una sesión, los testigos separatistas “se erigen con toda naturalidad en la totalidad del pueblo”: “Aunque las urnas digan una y otra vez que el voto independentista no es mayoritario, el relato de los testigos consigue hacer invisible a la otra mitad”. Y concluye: “El independentismo consigue llenar todos los días el salón de plenos de una parte de Cataluña que se considera el todo”.
Esa es la cuestión. El pacto central de la Cataluña democrática lo formuló así su patriarca, Jordi Pujol: “Es catalán todo aquel que vive y trabaja en Cataluña”. Cientos de miles de emigrantes arribados de toda España en la posguerra, gente muy humilde en su inmensa mayoría, se lo creyeron; mis padres también se lo creyeron, y criaron a sus hijos en consecuencia. Es verdad que mi madre, que llegó casi sin estudios, con más de 30 años y cinco niños, no habla catalán, y por tanto es de esas personas a quienes el actual presidente de la Generalitat llamó, en un artículo memorable, “carroñeros, escorpiones, hienas” y “bestias con forma humana”; pero mis hermanas y yo no somos como ella. Nosotros no sólo vivimos y trabajamos en Cataluña, sino que adoptamos las costumbres catalanas, nos sumergimos en la cultura catalana, aprendimos catalán hasta volvernos bilingües, nos casamos con catalanes de pura cepa, educamos a nuestros hijos en catalán e incluso contribuimos con nuestro granito de arena a difundir la cultura catalana. Todo en vano. Aunque hasta el último momento hicimos lo posible por seguir creyendo que éramos catalanes, en septiembre y octubre de 2017, cuando todo estalló, supimos sin posibilidad de duda que no lo éramos. Catalán, lo que se llama catalán, ya sólo lo era quien quería que Cataluña se separase de España; quien no lo quería, ya sea por apego sentimental a España o porque, como yo, es del todo incapaz de entender las virtudes de la separación y la considera una causa reaccionaria, injusta e insolidaria, no computaba como catalán, al menos para los políticos separatistas. La prueba flagrante de ello es que tales políticos hablan por sistema en nombre de Cataluña y juzgan que el problema catalán es un problema entre Cataluña y España, y no lo que es: un problema entre catalanes, más de la mitad de los cuales hemos dicho una y otra vez, en todo tipo de elecciones, por activa y por pasiva, que no queremos la separación. Por eso el nacionalismo es incompatible con la democracia: porque, cuando se trata de elegir entre la democracia y la nación, elige siempre la nación. Para los políticos separatistas en el poder, los catalanes no somos quienes vivimos y trabajamos en Cataluña, sino sólo quienes, además, son buenos catalanes, fieles a la patria y votan lo que hay que votar. Los demás no somos catalanes, no contamos, no existimos; basta ya de hacerse ilusiones: probablemente nunca lo fuimos, nunca contamos, nunca existimos. Esto es lo que escondían las proclamas unanimistas del procés (“Un sol poble”, “Els carrers seran sempre nostres”), los disciplinados desfiles de cada 11 de septiembre y la sonrisa de la revolución de las sonrisas: una traición descomunal.
La palabra es dura, pero no encuentro otra: nosotros fuimos leales al pacto que fundó la Cataluña democrática; los separatistas, no. Que yo sepa, ninguno de ellos ha pedido perdón, y no sé si alguno tendrá el valor de hacerlo. Lo cual significa que, a menos que la democracia se lo impida, volverán en cuanto puedan a poner la nación por encima de la democracia. Me alegro de que mi padre no haya alcanzado a vivir esto, y de que mi madre apenas lo entienda. Por lo demás, mentiría si no añadiera que ahora mismo mi sentimiento fundamental es una mezcla de incredulidad, de humillación, de asco y de vergüenza, y que a veces me pregunto si, además de una traición descomunal, no habrá sido todo, desde que con cuatro años llegué a Cataluña y el primer día mi padre me dijo que a partir de entonces iba a ser catalán y me enseñó la primera frase en catalán que aprendí (“M’agrada molt anar al col·legi”), una inmensa estafa."
El País Semanal. 16/junio/2019

23 may 2019

Bochornosa humillación

Después del bochornoso espectaculo y de la humillación que todos los españoles hemos sufrido en la constitución de la XIII Legislatura me sentía impelido ha escribir algo en torno a lo ocurrido pero indagando en la prensa he encontrado dos textos que reflejan claramente mi estado de opinión. Son de Victoria Prego y están pùblicados en El Independiente los días 22 y 23 de mayo.

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“Que España es un Estado de Derecho no hay quien lo discuta, salvo aquellos que quieren acabar con él, que son precisamente los separatistas y la ultraizquierda. Pero que, además de eso, nuestro país es un Estado extremadamente garantista se demuestra en espectáculos como el vivido esta mañana y nos hace preguntarnos si tanta garantías y tanto respeto por los derechos -fundamentales o no, porque lo visto hoy no forma parte ni de broma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos- de quienes quieren destruir España no va a acabar debilitando nuestro sistema democrático, que ha demostrado muchas veces ya una gran fortaleza pero que a base de permitir una y otra vez que se roan sus cimientos pueden terminar debilitando irrecuperablemente el sistema.
Y aquí entra también la elección del señor Gerardo Pisarello, del equipo de Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona, un separatista militante que forma parte de la tropa de la monja independentista Teresa Forcades y que se hizo famoso entre otras “hazañas” por impedir que el concejal popular Alberto Fernández  colgara en el balcón del Ayuntamiento una bandera española como respuesta a una estelada desplegada por ERC. Bien, pues este señor ocupa desde hoy la Secretaría Primera de la recién constituida Mesa del Congreso. Es decir, tiene desde hoy una de las más altas representaciones institucionales de la Cámara.
Y está ahí porque ha sido propuesto  por Pablo Iglesias y aceptado por Pedro Sánchez. Su cometido en este puesto, explicado por él mismo, es defender desde los primeros minutos la causa de los procesados independentistas y hacer lo posible para que no sean suspendidos de sus funciones, que es lo que marca la ley, y reivindicar su excarcelamiento y su absolución.
A eso me refiero cuando hablo del riesgo de permitir, a base de exacerbar el garantismo, que entren hasta el corazón de nuestras instituciones quienes no tienen otro objetivo de corroerlas para intentar derribarlas. Y eso es un insulto a quienes respetamos y defendemos la Constitución y su espíritu de concordia.”

Victoria Prego, 22/5/19


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“Y no digamos nada del aquelarre que se montó cuando llegó el momento de acatar la Constitución y la señora Batet se permitió asegurar que la jurisprudencia del TC daba por buena cualquier fórmula que incluyera el acatamiento. Pero, al margen de que eso no es cierto, porque el Constitucional dice que eso es así siempre que no se desvirtúe la declaración de observancia y cumplimiento del texto de nuestra Carta Magna, lo que algunos de los diputados independentistas hicieron fue poner por delante la supuesta legitimidad del referendum ilegal del 1 de octubre, a cuyos resultados dijeron someterse, con lo cual se convierte en papel mojado la última parte del juramento o promesa. Yo creo que la enunciación de algunos de esos diputados fue directamente inconstitucional y que debería ser impugnada.
A ver si tiene el valor de no hacer nada y de seguir actuando en el interés político de su secretario general y no en el del más estricto cumplimiento de las normas
Con esas imágenes que deberían avergonzar a cualquier demócrata que no sea un auténtico insensato, los independentistas presos se han dado un baño de aparente legitimidad que echa por tierra meses de trabajo de un Tribunal Supremo empeñado en establecer con arreglo a Derecho las responsabilidades en que hubieran incurrido los procesados. En una palabra, el Congreso ha blanqueado a los presuntos autores de muy graves delitos, a unos presuntos delincuentes. Y ahora que el Alto Tribunal deja en manos del Poder Legislativo la toma de la única medida posible según la Ley de Enjuiciamiento Criminal y también según el Reglamento del Congreso, la flamante presidenta de la Cámara se inventa una estratagema para devolver al Supremo la misión de ejecutarla.
La Fiscalía, que ya se había olido la jugada, ha pedido al Supremo que suspenda de manera automática a todos estos señores que han accedido ayer a su condición de diputados. Lo que intenta la Fiscalía es impedir que los intereses y las conveniencias electorales de los políticos puedan interferir y alterar la aplicación de las leyes. Y tiene razón.”

Victoria Prego 23/5/19